Discurso Tomás Gómez Debate del Estado de la Región

Señorías,
Estamos en el quinto año de la crisis económica. Si se puede definir la situación actual con una
palabra, esa palabra es estancamiento. Después de cinco años de crisis, la economía está estancada.
La sociedad está estancada. La política está estancada.
Un estancamiento que sigue al mayor retroceso en derechos sociales, en libertades democráticas y
en bienestar material de los últimos treinta años.
Por la fecha que ha elegido el señor González para celebrar este debate, se podría decir que su
objetivo es que pase desapercibido. Volveré sobre esto, pero, en todo caso, no era necesario
tomarse la molestia. Usted no necesita pillar distraídos a quienes todo esto les resulta indiferente.
No necesita pillar desprevenida, al final de las vacaciones, a la sociedad madrileña para ocultar sus
errores, o sus fracasos, la sociedad madrileña ya no espera nada de su gobierno. En todo caso teme
algunas cosas de su mayoría absoluta. Pero esperar, lo que se dice esperar, ya no espera nada.
No lo espera del Gobierno de la Comunidad de Madrid, como no lo espera del Gobierno de España.
Ustedes crearon unas expectativas que han defraudado minuciosamente. Crearon la expectativa de
que son competentes. Y crearon la expectativa de que son honestos. No unas expectativas
razonables y moderadas, sino tan desorbitadas como su ambición de poder. Ustedes sabían que
había mucha gente que necesitaba creer, y prometieron sin medida. Tres millones y medio de
empleos, llegaron a decir, que iban a crear. Ustedes pudieron haber moderado las expectativas que
crearon, pero sabían que si moderaban las expectativas, igual no conseguían tanto poder. Así que
exageraron las expectativas y consiguieron un poder exagerado.
Lo malo de tener todo el poder es que a uno se le acaban pronto las excusas. Al principio, para tapar
su falta de resultados, dijeron que la herencia era mala. Incluso en lugares como Madrid, donde
ustedes se heredaban a ustedes mismos. Luego, conforme crecía el paro y aumentaba la deuda,
tuvieron que decir que la herencia era peor. A cada fracaso, más mala era la herencia. Tanto han
tirado de la herencia que en menos de dos años la han agotado. Ya no tienen excusas. Ya todo el
mundo sabe que no son tan competentes; es más, ya todo el mundo sabe que no son competentes.
Todo el mundo sabe que cuando toque mejorar, mejoraremos, pero que, desde luego, no será por lo
que han hecho ustedes.
También crearon ustedes la expectativa de que son honestos. Un partido incompatible con la
corrupción, proclamaba el señor Aznar, al mismo tiempo que el señor Bárcenas hacía caja y repartía
los sobres. Una expectativa exagerada. Por mucho asco que nos de la corrupción, que nos da, por
mucha náusea que nos produzca, que nos la produce, mientras los partidos estén formados por seres
humanos, no habrá, en la práctica, partidos incompatibles con la corrupción. La diferencia es que
mientras algunos asumen su responsabilidad política y dejan sus cargos, aunque ellos no se hayan
corrompido personalmente; otros se mantienen e incluso ascienden, aunque se hayan corrompido
personalmente.
Alguien podría decir que no es razonable esperar que absolutamente todos los miembros de una
sociedad sean absolutamente honestos. Pero tenemos derecho a esperar que algunos miembros de
la sociedad sean honestos, y entre esos miembros de nuestra sociedad de los que cabe esperar que
sean honestos estamos todos nosotros y está el presidente del Gobierno de España. Si un presidente
del Gobierno de España envía un mensaje a un hombre de su confianza que ha acumulado una
fortuna inexplicable pidiéndole que resista ante la justicia. Si ese mensaje llega a ser conocido por
todos. Y si después de que ese mensaje sea conocido por todos, el presidente no dimite. ¿Con qué
autoridad exigirá ese presidente a sus subordinados que cumplan con la justicia? ¿Con qué autoridad
dirigirá el país? ¿Quién esperará de la política ejemplaridad, competencia, inspiración, con un
presidente así? Y del presidente para abajo ¿cuántos?, se preguntarán muchos ciudadanos. ¿Cuántos
recibieron dinero en directo o en diferido, en blanco o en negro, en sobres o en bolsas?
Solo puede decepcionarse quien alguna vez creyó; mucha gente creyó en ustedes, por eso ahora hay
tanta gente decepcionada. Ustedes crearon unas expectativas sobre su competencia para resolver
los problemas y sobre su honestidad al frente de las instituciones que han defraudado. Ni resuelven
los problemas, ni asumen sus responsabilidades; por todo eso, la política está estancada.
Es verdad que el señor González nos ha presentado aquí, extraídos de aquí y de allá, pegados con
alfileres, unos cuantos datos y unas cuantas medidas de gobierno. Y, naturalmente, quiere que se lo
reconozcamos. Es verdad que no debe estar muy convencido del brillo de su gestión cuando ha
buscado estas fechas para exhibirla. ¿No dice el Evangelio: “Nadie enciende una lámpara y la pone en
sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor”?
Pues bien, últimamente los dirigentes del Partido Popular eligen fechas como el 1 de agosto ó el 3 de
septiembre, que más parecen un celemín que un candelero. Fechas que más parecen destinadas a
ocultar lo oscuro en lo oscuro, que a iluminar nada.
Lo cierto es que el Partido Popular está estancado y es incapaz de dinamizar la economía, ni de
movilizar la sociedad. Ya, ya sé, usted nos reprocha que nunca vemos el vaso medio lleno, que no
reconocemos los avances que están consiguiendo, pero para eso ya está usted, para eso ya están su
gobierno, su partido y sus voceros. Alguien tendrá que hablar en nombre de los que tienen sed.
Claro que pasan cosas buenas. Según la EPA del mes de julio en el último año el paro ha descendido
en la Comunidad de Madrid en setecientas personas. Es una buena noticia, de la que me alegro; y si
usted y su gobierno tienen algo que ver en que el paro haya disminuido en dos personas diarias en
nuestra Comunidad yo no tengo ningún problema en reconocerles el mérito. Usted quiere que
aplaudamos ese dato positivo, pero ese dato es solo una parte pequeña de la realidad. La misma EPA
dice que en el último año en la Comunidad de Madrid hay ciento diecisiete mil ocupados menos. Ese
es un dato negativo y no pequeño. ¿Tiene también usted algo que ver con esto, señor González? Yo
creo que sí, y si usted quiere que le reconozcan el pequeño éxito de que cada día hay dos
desempleados menos, tendrá que aceptar que le reprochen en gran fracaso de que cada día hay 321
ocupados menos. Eso es lo justo.
Usted dirá que en Madrid hay una tasa de desempleo menos que en Valencia o Murcia, es verdad,
pero también es mayor que en el País Vasco. ¿Cómo explicamos las diferencias de unas comunidades
con otras? ¿Cuánto le deben esas diferencias a la política de empleo de sus gobiernos y cuánto a la
estructura económica de cada región? ¿Es mérito suyo que Madrid sea la capital de España?
Si el empleo lo crean las empresas, es malo para el empleo que desaparezcan las empresas de
nuestra región. En el último año, nuestra Comunidad tiene 4181 empresas menos. Usted nos ha
llegado a llamar cenizos, que no queremos ver los datos positivos, y nos dijo ayer que Madrid es la
región en la que más empresas han abierto en los últimos meses. No, le aseguro que no es por falta
de amistad hacia usted, sino por amistad a la verdad, y la verdad completa es que Madrid es la región
donde más empresas han cerrado.
De las 4181 empresas cerradas este año en la Comunidad de Madrid, un tercio eran empresas del
sector industrial. Y la industria es importante, da empleo estable en las crisis, crea una economía más
productiva y menos especulativa, menos expuesta a las burbujas. Un tercio de las empresas que se
han cerrado en Madrid pertenecen al sector industrial, casi el doble que la media española. Muchas
de las cuales ustedes no han sabido defender mientras caían. Empresas históricas como Arcelor-
Mittal, Robert Bosch o Cegasa… Ustedes se están deshaciendo de los parques científicos y
tecnológicos en los que interviene la Comunidad e incluso han cerrado Tecnoalcalá. Hoy Madrid tiene
menos empresas industriales, no ya que Cataluña, sino también que Andalucía.
La apuesta constante de la derecha por una economía de casino da lugar a un tejido económico de
mala calidad. Sectores que dan lugar a empleos precarios que terminan precarizando la vida de la
gente.
No dudo de que ustedes sean amigos de algunos empresarios, y que esos empresarios se tomen
confianzas con ustedes, pero ustedes no generan confianza empresarial. No al menos de la que mide
el Instituto Nacional de Estadística. El 9 de julio, el INE, publicó el índice de confianza empresarial. La
Comunidad de Madrid aparece la cuarta por la cola. Ustedes son buenos para el negocio, pero malos
para la economía de la región. Que sigue estancada.
Hablemos del comercio. Desde la aprobación de su ley de libertad horaria, ha caído el número de
trabajadores del pequeño comercio, casi el doble que en el resto de España y han caído las ventas.
Hablemos del turismo. La región recibió en julio un 11% menos de turistas que el año anterior frente
al incremento del 3% en España. Y en este punto me gustaría manifestar nuestro apoyo a la
candidatura olímpica de Madrid y desearle a usted, señor González, éxito en la defensa de la misma;
y si mi permite el consejo, le recomendaría que pusiera más entusiasmo del que ayer puso en la
defensa de su gestión, ciertamente con la candidatura de Madrid lo tendrá más fácil.
El turismo está estancado y la economía está estancada, señor González. Ustedes conservan aún
todo el poder, pero ya no le quedan excusas. Ustedes no son los gestores competentes de la
economía, en todo caso son los facilitadores de algunos negocios, pero eso normalmente no tiene
que ver con la política económica, sino con el derecho penal. Con una caída interanual del PIB de más
del 1,1% los madrileños somos más pobres que hace sólo un año. Bueno, no todos. Algunos son
mucho más ricos, nos dirá usted, que los debe conocer bien.
Y, Sr. González, siendo más pobres que hace un año, con menos empleo que hace un año, con menos
industria, menos comercio y menos turismo que hace un año, ¿de verdad se atreve a decir que
hemos dejado atrás la crisis? ¿De verdad piensa que los madrileños somos todos tan ingenuos?
Con su gobierno la sociedad madrileña está estancada, 320.000 desempleados no tienen ningún tipo
de ingresos; 200.000 familias tienen a todos sus miembros en paro, una de cada dos familias con
plaza en escuelas infantiles públicas han renunciado a ellas por no poder pagarlas; 7000 alumnos no
han podido pagar sus matrículas universitarias, cada hora un joven licenciado abandona Madrid;
110.000 niños se han quedado sin beca de comedor; más de 20.000 dependientes siguen esperando
una prestación que ya les ha sido concedida, miles de ciudadanos afectados por los cierres de
urgencias como los de Barajas o la Fortuna y miles esperando ser operados en listas de espera fuera
de todo control.
Da igual la medida de su gobierno de la que hablemos, da igual las políticas que analicemos, en todas
existe el mismo denominador común: que unos pocos hagan negocio, a costa de todos y en contra de
todos. Esa es su única hoja de ruta; entregar Madrid a los mercados implantando un modelo de
desarrollo económico cuyo beneficio no dependa de la capacidad de producir, sino de la capacidad
de especular, un modelo que necesita convertirlo todo, incluso derechos como la sanidad, la
educación, las pensiones o la vivienda, en productos financieros para poder especular con las
necesidades de la gente.
Por eso, no escucha a nadie. Porque no le interesa la solución a los problemas, sólo hacer negocio
con ellos. Desde mi grupo parlamentario le hemos presentado en esta cámara 14 Proposiciones de
Ley y 54 Proposiciones no de Ley, en todas ellas había soluciones, pero no había negocio, por eso no
han querido aceptar ni una.
Los profesionales sanitarios, la comunidad educativa, investigadores, rectores universitarios, todos
han hecho propuestas que usted se ha negado a escuchar porque en sus propuestas había
soluciones, pero no había negocio.
Trabajadores afectados por los ERES de nuestra industria, vecinos, ecologistas y ayuntamientos de la
Sierra de Guadarrama, arquitectos, profesionales preocupados por la Ley de Patrimonio Histórico,
trabajadores de Telemadrid, abogados del turno de oficio, empleados del transporte público, hasta
los padres de los colegios e institutos que están cerrando como el Verbena de Leganés o el Zulema
de Alcalá, se han acercado a usted ofreciendo soluciones, soluciones reales y concretas. Usted las ha
rechazado todas porque en sus soluciones no había negocio, eran sólo soluciones.
Pero como el negocio de unos pocos nunca es la solución a los problemas de todos, los problemas de
todos no han dejado de crecer, de sumarse unos a otros hasta llevar a Madrid a la situación de
estancamiento en la que se encuentra. A los problemas de antes de la crisis, se sumaron los
problemas de la crisis y a esos, los problemas por aplicar políticas equivocadas contra la crisis y aquí
estamos hoy con años de problemas enquistados.
Sr. González, no hay sector de la sociedad madrileña que no se haya opuesto y manifestado en
contra de sus políticas. Y cuando digo que no hay sector, no es una forma de hablar, es que no hay
sector. Y no hay ni una de sus grandes decisiones que no esté ante los tribunales o que no haya sido
rechazada por los tribunales, e insisto no es una forma de hablar, no hay ni una.
El euro por receta paralizado en el Constitucional, el ERE de Telemadrid declarado improcedente, el
ERE de la Agencia Laín Entralgo anulado, la privatización del Canal de Isabel II en el Constitucional, la
ley de Vivienda Rural en el Constitucional, la Ley de Transparencia Hipotecaria en el Constitucional, la
contratación a dedo de profesores nativos, la modificación de la Ley de Patrimonio Histórico, …,y por
supuesto la privatización de la sanidad con tantos procesos judiciales abiertos que ya nadie duda de
que es cuestión de tiempo que todo el proceso se venga abajo.
Sólo con la fecha que ha elegido para celebrar este debate, ya nos ha contado a todos que usted es el
primero que sabe que sus notas este año son un rotundo suspenso. Ha buscado, como el mal
estudiante, pillar a sus padres distraídos para disimular su desastre, el problema es que el desastre
ha sido de tal envergadura que no hay manera de disimularlo. Ni aunque hubiésemos celebrado este
debate en pleno puente de agosto a las doce de la noche, podría ocultar el fracaso de su gestión:
 Sanidad, educación, reducción del paro: suspenso.
 Control del déficit y la deuda pública: Suspenso y apertura de expediente disciplinario por hacer
trampas en el examen.
 Servicios sociales, justicia, política industrial: suspenso.
 Mejora de la financiación autonómica: Suspenso, a pesar incluso de tener a la señora Aguirre
como profesora particular.
 Vivienda, transporte público, cultura: suspenso, suspenso y suspenso.
¡Vaya balance, Sr. González! Un gobierno que se avergüenza de su gestión, un gobierno que renuncia
a buscar soluciones para que unos pocos hagan negocio, que tiene enfrente a toda la sociedad y con
sus principales medidas ante la justicia. Entiendo que no le guste lo que le digo. Ya sé que no es lo
que le dicen en su entorno, en su entorno le dicen que usted lo hace muy bien y que los demás
tenemos mala voluntad. Pero no se fie, compare a la gente de su entorno de ocio y negocio con la
ciudadana o el ciudadano medio de nuestra Comunidad y verá que sus vidas nada tienen que ver.
Ahora, Sr. González, venga usted a hablarnos de libertad; de libertad de elección, de libertad de
comercio, de la libertad de los padres. ¿Quiere decirnos qué libertad tiene un padre que no puede
pagar la escuela infantil de su hijo?, ¿qué libertad tiene un estudiante que se ve obligado a
abandonar sus estudios?, ¿qué libertad tiene un comerciante que ha tenido que cerrar su negocio? Sr
González, cada vez que usted habla de libertad, algún madrileño se siente más esclavo.
Su gobierno, no sólo se ha convertido en un lastre para la recuperación económica de Madrid y, por
tanto, de España, sino que además ha renunciado a cuidar y proteger a los madrileños durante la
crisis. ¿Quiere decirnos qué sentido tiene un gobierno que ni nos saca de la crisis, ni nos protege
mientras dura la crisis? Yo se lo diré, usted tiene un proyecto para cuando salgamos de la crisis:
entregar al mercado la salud, la educación y las pensiones de los madrileños. En esto sí somos la
avanzadilla de España.
Usted dice que no hay alternativa. Sí la hay, no es la que usted quiere, pero la hay. Paralice usted la
privatización de la sanidad e inclúyala en su próximo programa electoral para las elecciones, solo
falta poco más de año y medio; si los ciudadanos deciden con su voto que apoyan esas
privatizaciones, yo le doy mi palabra de que al día siguiente retiraré todos los recursos que los
socialistas tenemos interpuestos, pero si no es así, son los madrileños los que tienen mi palabra de
que no pararé hasta ver revertidas todas las privatizaciones sanitarias que ustedes hayan puesto en
marcha. Claro que hay alternativa a privatizar la sanidad pública.
Por eso, yo hoy propongo a los madrileños una política de unidad; de unidad de todos los que
queremos salir de la crisis, frente a los que quieren aprovecharse de la crisis. Una política que sume
las fuerzas de todos los que defendemos el estado del bienestar, frente a los que quieren liquidarlo a
precio de saldo.
Yo hoy propongo a los madrileños un gobierno que trabaje sin descanso en torno a cuatro ejes: una
política fiscal justa, un modelo de desarrollo económico que se base en el valor añadido que genera
el conocimiento y la innovación, la reducción de las desigualdades entre diferentes zonas de Madrid
y, por supuesto, el blindaje y fortalecimiento del Estado del Bienestar.
Este es el proyecto al que yo hoy convoco a los madrileños. Este es nuestro proyecto.
Un proyecto que pasa por un reparto equitativo del esfuerzo fiscal. Porque para recaudar más no hay
que subir los impuestos, sino hacerlos más justos. Porque para recaudar más no hay que cobrar a un
enfermo por necesitar una ambulancia, sino eliminar los regalos fiscales al 3% más rico. Porque el
dinero que le falta a nuestras cuentas no está en los bolsillos de nuestros jubilados, sino en las
cuentas de Suiza, las Islas Caimán o Delaware de un puñado de madrileños sin escrúpulos.
Defiendo un proyecto que recupere la economía productiva frente a la especulativa. Un modelo que
se cimiente sobre una sólida red de Pequeñas y Medianas empresas, que son el verdadero motor de
nuestra economía, junto al soporte de los grandes grupos industriales que lideran la investigación e
innovación tecnológica. Porque este modelo económico, no sólo es el que genera un crecimiento
más sostenible, sino que es el que mejor soporta las crisis económicas. Un proyecto que recupere los
derechos laborales de los trabajadores, que respete sus organizaciones, que reconozca su aportación
a la prosperidad colectiva y a la paz social.
Quiero para Madrid un Gobierno comprometido con la reducción de las desigualdades en toda
España, pero decidido a acabar con las desigualdades en nuestra región. Hoy cuando tantos andan
tan preocupados por lo justo o lo injusto de la financiación autonómica, nadie se acuerda de que en
España en estos momentos, gracias a los mecanismos de compensación y los fondos de solidaridad,
sólo el 30% de la desigualdad se da entre diferentes regiones, el 70% restante se da entre territorios
de una misma comunidad autónoma.
Por eso, porque sabemos que los fondos de solidaridad interterritorial funcionan, creemos un fondo
de solidaridad intraterritorial. Creemos un fondo mediante el que las localidades con poblaciones
más jóvenes, sean solidarias con aquellas poblaciones más envejecidas, las que tienen industrias
más fuertes, con las que menos recursos económicos tienen, las que acogen sedes de
multinacionales, con las que sólo tienen empresas locales.
Y por supuesto, quiero para Madrid el estado del bienestar más sólido de toda España. Porque la
sanidad, la educación, los servicios sociales, las pensiones públicas, no puede convertirse en negocio,
porque precisamente para lo que pusimos en pie todas esas cosas es para asegurarnos de que fueran
como fueran los negocios todos tendríamos cubiertas nuestras necesidades básicas. Entre todos
decidimos sacar del mercado nuestro estado del bienestar para garantizarnos que aunque quebrara
el mercado, no quebraría nuestra sanidad, la educación de nuestros hijos o el retiro de nuestros
mayores. Porque, si entregamos por ejemplo nuestra sanidad a los mercados, quién nos asegura que
la próxima vez que quiebre el mercado, no quebrará también nuestra sanidad.
Un sólido estado del bienestar moderno y avanzado es el que garantiza una renta básica de
ciudadanía, para que no ocurra que el 12% de las familias se encuentren sin ningún ingreso, muchas
de ellas dependiendo de la pensión de los abuelos. Y también nuestra comunidad debe establecer,
en la medida de nuestras posibilidades, un complemento autonómico para que los pensionistas no
pierdan capacidad adquisitiva haga lo que haga el gobierno central.
Esta es mi propuesta, mi compromiso. Propuesta y compromiso avalado por todas y cada una de las
iniciativas que los socialistas hemos traído a esta cámara. Desde las propuestas en materia sanitaria,
educativa, o en política industrial, hasta las relativas a servicios sociales, transporte, o las propuestas
en defensa de la dignidad y los derechos civiles de quienes son diferentes; todas, absolutamente
todas ellas, han llegado a esta cámara consensuadas con los sectores profesionales y colectivos
afectados. Consensuadas con la mayoría social de nuestra comunidad.
Es a esa mayoría a la que nos debemos, qué no es la mayoría coyuntural de un partido, sino la
inmensa mayoría social. La mayoría que representa el legado de nuestros padres, su voluntad de
avanzar en la construcción de una sociedad decente que respete la dignidad de todos y cada uno de
sus miembros.
Una dignidad humana que no puede verse menoscabada por la contingencia de una crisis económica.
Una dignidad que depende de derechos que no pueden estar al albur de los vaivenes del mercado. Y
de igual modo que nadie se atreve a usar la crisis económica para menoscabar el derecho a la
información y a la libertad de expresión; pues menoscabar ese derecho es dañar la dignidad de las
personas, tampoco se puede usar la crisis para menoscabar el derecho a la salud, pues privar a las
personas de su derecho a la salud es atacar su dignidad; y si no se puede usar la crisis para mermar el
derecho al voto y a la participación política, porque eso deteriora la dignidad de los ciudadanos,
tampoco se puede usar la crisis para mermar el derecho a la educación, porque quitarle la educación
a la gente, es atacar su dignidad; y si no se puede usar la crisis para arrebatarle a las personas sus
propiedades y el derecho a los frutos de su trabajo, pues son derechos esenciales de la persona,
tampoco se puede usar la crisis para arrebatarle a la gente el derecho a vivir bajo un techo digno; y si
nadie debería usar la crisis económica para acabar con la libertad religiosa, a nadie debería
ocurrírsele usar la excusa de la crisis para acabar con las pensiones que protegen la dignidad humana
de los mayores, o de las personas que no pueden valerse. Si la dignidad humana ligada a la libertad
de prensa, al derecho al voto, al derecho a la propiedad, a la libertad religiosa, no puede verse
mermada por la crisis económica; la dignidad humana ligada al derecho a la salud, a la educación, a la
vivienda o a una pensión dignas, tampoco puede verse mermada por la crisis. Tan derechos
esenciales para la dignidad humana son unos como otros.
En mitad de una crisis como la que vivimos, ese ideal de una sociedad decente, que protege la
dignidad de todos  sus ciudadanos y ciudadanas, es el que debe guiar nuestros pasos e inspirar nuestras políticas.